
Artemio Narro
Sangre
28 May - 31 Ago 2026
La historia del arte occidental está atravesada por imágenes de violencia. Pinturas concebidas para glorificar victorias militares, representar martirios religiosos, legitimar conquistas o convertir el sufrimiento en una experiencia estética han configurado, durante siglos, buena parte de nuestra memoria visual colectiva. En ellas, la violencia no aparece únicamente como documento o narración, sino también como lenguaje cultural, como construcción simbólica y como mecanismo de poder. La serie Sangre, de Artemio, parte precisamente de esa tradición para operar sobre ella una reducción extrema, eliminando la escena y conservando únicamente su huella.
Presentada por primera vez en Europa en SELTZ by Ritter Ferrer, la exposición reúne una selección de obras pertenecientes a uno de los proyectos más contundentes desarrollados por el artista en los últimos años, mostrado hasta ahora exclusivamente en instituciones mexicanas. Artemio toma algunas de las representaciones más brutales de la pintura occidental, de autores como Francisco de Goya, Otto Dix, J. M. W. Turner o Iliá Repin, y las somete a un proceso de vaciamiento radical. Desaparecen los cuerpos, los gestos heroicos, la composición, la teatralidad y el relato. Permanece solamente la sangre.
La operación resulta tan sencilla como profundamente inquietante. Allí donde históricamente la pintura había construido dispositivos de fascinación visual alrededor del dolor, Artemio introduce una interrupción. Sus superficies blancas funcionan como espacios de suspensión en los que la imagen parece haber colapsado, dejando únicamente restos dispersos, manchas mínimas que oscilan entre la abstracción, la evidencia forense y la desaparición. Sin embargo, lejos de vaciar el significado, esa ausencia activa la memoria del espectador. Reconocemos las imágenes incluso cuando prácticamente ya no están. Y es precisamente en ese reconocimiento donde emerge la verdadera dimensión política de la serie.
La violencia contemporánea circula hoy a una velocidad y en una escala inéditas. Las imágenes de guerra, exterminio, migración forzada o destrucción forman parte del flujo cotidiano de información y consumo visual. En ese contexto, Sangre no propone una representación explícita del horror, sino una reflexión sobre los mecanismos culturales que condicionan nuestra relación con él. Artemio desplaza la mirada desde el acontecimiento hacia sus residuos simbólicos, cuestionando la manera en que las imágenes construyen sensibilidad, normalizan determinadas formas de violencia y participan en la configuración de la memoria colectiva.
Existe además una dimensión especialmente incisiva en el gesto del artista, una renuncia deliberada a cualquier espectacularidad. Frente a una cultura visual saturada de estímulos, Artemio trabaja desde la contención y el silencio. La sangre deja de ser aquí un elemento dramático para convertirse en estructura, en signo persistente, en resto irreductible de aquello que la imagen ya no puede contener. Sus obras no buscan ilustrar la violencia, sino señalar la imposibilidad de separarnos completamente de ella, incluso cuando desaparece de nuestra vista.
En Sangre, la pintura deja de funcionar como representación para operar como vestigio. Lo que contemplamos no son escenas históricas, sino las marcas que esas escenas han dejado en nuestra conciencia cultural. Artemio desmonta así algunos de los mecanismos fundamentales de la tradición pictórica occidental para situarnos frente a una pregunta incómoda, ¿cuánto de nuestra manera de mirar sigue construyéndose sobre una larga pedagogía visual de la violencia?
José Luis Pérez Pont
Obras
El 3 de Mayo de 1808 en Madrid:los fusilamientos de patriotas madrileños (Francisco de Goya)
2019-2023
Oil on linen